A menudo se nos presenta la felicidad como una meta. Es la filosofía que se encuentra en el trasfondo de nuestra sociedad, que nos promete un gran bienestar si hacemos esto, si tenemos lo otro...
La publicidad, la televisión, y la presión social sin ir más lejos son grandes ejemplos de ello. Se nos muestra la felicidad como un resultado, como fruto de nuestro esfuerzo, como producto de nuestras compras... Siento si te decepciono al decirte que la felicidad no es nada de esto.
La felicidad no es un producto, es un proceso; no es un camino, es una forma de caminar. No se trata de sufrir toda la vida en búsqueda de una enorme recompensa futura, se trata de extraer lo bueno de cada minuto, y ser feliz a cada paso.
Dejemos de perseguir, y comencemos a vivir. Dejemos de hacer tal cantidad de actividades que nos disgustan en busca de no se sabe qué.
Es común observar que las personas caminan siempre mirando hacia adelante, y no quiero decir que esto sea negativo, y no lo es mientras no se pierda de vista el ambiente circundante. La visión del porvenir tiende a cegar la visión del momento. No es raro que las personas se crucen por la calle con un amigo y ni siquiera lo reconozcan. Esto debe ponernos sobre aviso de que algo no funciona bien.
Empecemos a darle a cada paso el valor que se merece, permitámonos mirar las flores y sentir la humedad de la hierba en nuestros pies. Robemos tiempo a las "obligaciones" para regalar una sonrisa de vez en cuando. Comencemos a caminar libres de cargas, dándonos cuenta de que eso que buscamos está esperando nuestra atención, a nuestro lado.

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